sábado, 23 de febrero de 2019

DIALOGOS CON EL RELOJ X: PUENTES Y MIRADAS

     Se cabalga el viento sin mirar qué queda atrás.
 El agua, las luces, el tiempo arañando momentos en la esquina de una calle vacía,de cualquier ciudad, o las hojas caducas de un cuaderno cuyos versos no se recitaron jamás. 

     


   Tal vez la ternura no sea más que un relato inventado, 
la puerta de atrás en la que atraparse las manos, 
o la ranura que aboca a un abismo donde coexiste equilibrio y precipicio…  Tal vez.
Un beso,  un beso es un viento suave que lo mueve todo
y te traiciona,

como te traiciona el abrazo que desvanece el invierno,
y  envuelve en agua la nieve, derrite el hielo ...
Todo es río pero el cauce del agua no se detiene. 
Solo se alzan los puentes que después se cruzan, librando batallas con los recuerdos,
a regañadientes,
reescribiendo en la piel y con  tejido nuevo, que el alma siempre baila...
 baila en su silencio.

......

Cruzaré  este río aunque me lastime,
  _ ¿Qué puede ser una raya más, para un tigre?




sábado, 24 de febrero de 2018

Carta para el otro lado



         



    Otro 24 de febrero y como poco, desenvuelvo tu imagen del envoltorio de los recuerdos. Desde este otro lado, desde donde te escribo… ese lado donde se dice que pasan las cosas, poco hay de nuevo. Yo me hago mayor, mama se niega a envejecer y tus nietos van creciendo. El mayor es todo un hombre ya…, porque es ineludible el paso del tiempo.
          Me gustaría decirte que soy muy feliz, sin embargo, algo me die que tú ya sabes cómo están las cosas. Ya ves, sigo siendo aprendiz en este difícil arte de vivir, y quizá, nunca aprenda todo cuanto baste.  Me viene a la memoria, entre las nebulosas de los sueños, una tarde lluviosa en la casa del pueblo. Habías encendido la chimenea y atizabas con las tenazas el fuego… Sobre la mesa había una caja de colores, pero yo hacía garabatos sobre un papel con un lapicero.
    Papa ...
    ¿Qué?
    No, nada.
              No me miraste, pero yo podía ver a través de tus pupilas azules, la danza de las llamas como en un espejo, mientras apilabas las brasas, una a una,  para mantener vivo el fuego. Entonces, sin levantar la mirada, dijiste:   
    Cada cosa que sucede en la vida, viene con una caja de colores de regalo… 
que se ponga rosa, o se vuelva negro, será cosa del lápiz que escojas para pintar.  

Desde entonces, no he dejado de trazar líneas rosa, o nubes azules sobre papeles negros, y aunque es cierto que el negro no desaparece, un poco se suaviza. También es cierto que he matizado con grises algunos papeles blancos… Porque también recuerdo oírte decir, que en la vida,  nada es totalmente blanco o negro…, que en medio, siempre hay un gris.
    Se dice que  el blanco es la ausencia absoluta de color, 
pero en realidad resulta de la superposición de los colores luz, verde, rojo y azul,
 mientras que, el negro, al que se le supone la suma de todos los colores en la misma proporción, 
le basta con el cian, el magenta y el amarillo. 
Resulta obvio entonces, que la vida está llena de colores. 
Ver las cosas desde la prospectiva del blanco  o la del negro, depende solo de ti. 

Parecía fácil al escucharte… Pero he de decirte, papa, que muchas veces no pinto porque el papel ya viene pintado. Que a veces, aunque resulte arriesgado, puedo cambiarle al dibujo algún esbozo, o  entrecruzar nuevas líneas que se abren a los caminos… Pero otras, no sé si las que menos o las que más,  no me queda otra que aceptar los trazos que vienen marcados… Y eso, para qué decirte, que … Me disgusta.
  Esa parte de mí que se aferra a tu recuerdo, sigue llorando por tu ausencia desde el silencio. Pasan los años, pasa el tiempo, se desvanecen los paisajes en el polvo del viento,  pero los rosales que plantaste, a pesar de ser viejos, siguen brotando invierno tras invierno, inmortales, como el halo de tu existencia en la memoria.

Dama de seis



jueves, 12 de octubre de 2017

QUIZÁ EXISTA

Fotografía de Antonia Freile (Dama de seis)



Más allá de ese horizonte que contemplo,
hija de la nada con los ropajes del viento ,
más allá de las estrecheces del soy y tengo…
solo voy … en este viaje de la vida …
 viaje de ida, que no conoce regreso. 

Más allá de este perfil de aristas
en el  no encajo porque no  pertenezco,
más allá de la muerte en un aura de esperanza,
 quizá un amor de verdad exista
en la piel de los ángeles… o su resonancia.

Quizá un amor de verdad exista
en los que como yo , nacieron en el mundo,
sin tierra, sin patria…
con una sonrisa en los labios y los ojos expectantes
por un abrazo que nunca te alcanza.

Quizá exista ese amor
en esos que como yo, nacieron desnudos,
y calzaron el hambre en su alma. 

En esos que como yo, sufrieron de soledad,
de desarraigo, de nostalgia.

Quizá exista amor
para los que como yo,  sufrieron de incomprensión,
de injusticia, de venganza …

Quizá un amor de verdad exista
en los que como yo, poblaron sus alas de silencios
y pusieron rumbo lejos, muy lejos…
Habitantes de otro mar, dentro… muy dentro.     

Antonia Freile (Dama de seis)


 

viernes, 8 de septiembre de 2017

UNA VENDA EN LOS OJOS DEL ESPEJO






            Llovía. 
Llovía con la misma fuerza que lo hizo en aquellos días y el agua, 
como entonces,   
seguía golpeando en los cristales empañados de soledad,
 con su silencio ronco chapoteando entre los “puede que”, o los “quizá si…”  
Un pensamiento isósceles 
con el primer soplo  de otoño que la envolvía. 
Era el mismo viento húmedo que, 
de nuevo, 
dejaba sentir el quejido acrílico del desgaste que hurga en los bolsillos del alma… 
Era un hilo de recuerdo que la regresaba a aquella noche en llamas y 
al sucederse de cien días apagados… 
¡Los contó!
 ¡Uno a uno los contó como si de un rosario de brumas se tratara!   
Aún le dolían las sandalias del miedo que tanto habían arañado sus pies… 
Sus ojos vendados, heridos por la oscuridad de la incomprensión… 
sus manos atadas con cuerdas de sangre…  
 mientras le vendaba los ojos al espejo y a ciegas,
 para no ver,  
 le preguntaba al espejo por qué.
          Nunca hubo una respuesta. 
Solo una  imagen borrosa de un  “él”  en el ángulo roto que hay detrás de los sueños, 
ese ángulo cuyo umbral, 
el olvido, 
no osaría cruzar.
            Nunca hubo una respuesta,
 solo hubo otros “él”… 
 ¡Tan estúpida y miserablemente iguales! 
Pero no le vendó los ojos al espejo, ni se calzó las sandalias del miedo… 
Bajó a la calle para empaparse de lluvia, 
extender los brazos al cielo y 
volar….
          Alguna vez la encuentro… 
Como un misterio
 adivina mi mirada,
 entonces me mira, 
sonríe, y luego 
se desvanece fragilmente 
 como se desvanecen los sueños.

Dama de seis.