domingo, 23 de octubre de 2011

PENSAMIENTO I





 No sé cuándo es que el reloj del tiempo
comenzó a marchar a toda prisa…
 Sólo sé que entre mis dedos,
una tarde de invierno,
se transformo en viento lo que fuera brisa
Y comencé a caminar lento, lento,
mientras todo a mi entorno se desmedía…
Alguien me arrojaba a las llamas del infierno
entre inquietantes pasiones
y lágrimas perdidas…
¿Viste?
 ¡Con sangre se regaron las margaritas!…
Sueños disgregados por la ventana de la nada,
 furtivas escapadas…
¡Mentiras y más mentiras!
Ahora sé
que el perdón no es más que un camicace suicida
que trepa por el alma,
la desgarra y te vomita…

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