miércoles, 13 de marzo de 2013

EN VIOLETA





Hoy de regreso a casa, me pierdo, como lo hago casi siempre. 
Quizá la fuerza de la costumbre me lleve inconscientemente a hacerlo una y mil veces, o quizá sea que mientras me pierdo, me escapo furtivamente del mundo que conozco para franquear las fronteras de  territorios recónditos y eso en el fondo, me gusta.   
Tengo la certeza de que todos los caminos conducen a algún lado, 
y mientras me desoriento en algún punto lejano, 
me diluyo en la inexistencia del tiempo, ese parámetro abstracto del que a menudo somos esclavos. 
Pero esta tarde no hay prisa. 
He abierto la palma de mi mano y he soltado tiempo. 
No hay minutos ni horas, sólo un cielo denso en grises púrpura. 
Una luz extraña que se colora en  nimbos y se filtra en haces de cálido rosa. 
Sigo por esta carreta angosta que serpentea por algún meridiano entre las montañas y la costa, 
aunque ignoro la distancia entre lo uno y lo otro, 
lo mismo que ignoro si estoy más cerca o más lejos de aquella que es mi casa…
Me imbuyo en un atardecer de violetas difusos sobre el compacto plomizo de nubarrones, 
que amenazan tormenta. 
Una cortina de agua se extiende, extraña, como trasportada desde otra biosfera,   
en tanto que el cielo se muda  por el sutil que amarillea en la flama de una vela. 
Llueve, es una lluvia intensa. 
Se encasquilla el compact para que  Adel  cante una y otra vez  “Set fire to the rain”. 
Y le prendo fuego a la lluvia yo también en formas violetas que,
 le descubren a mis ojos un trigonométrico arco iris. 
Me venzo ante tanta belleza 
y perdida en algún punto del planeta,
 agradezco,
 no el extraordinario obsequio violeta,
 si no disponer de ojos para recibir su magnificencia.
http://youtu.be/d9bB8csLSug

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