sábado, 23 de mayo de 2015

EN BARCOS DE PAPEL





 De los días pasados en los que no importa a quién o cuánto quise, 
si es que quise o   amé, quizás alguna vez, 
hice por fin el recuento. 
Y sumé momentos. 
Hice ríos angostos y turbulentos con el cauce de mis lágrimas; 
hice cascadas de risas que se desprendieron de repente hacia ese abismo que, 
con la yema de los dedos, roza el azul de la felicidad.  
 Recompuse  historias que por alguna razón ignota, 
habían impregnado en sepia los recortes de fotografías.
 Historias que, irremisiblemente sin saber, se atesoraban en las páginas escogidas del corazón… 
¡Oh, sí! 
¡Prenderle fuego al aire hubiera sido más fácil que prenderle fuego al corazón y engarzar con silencios, uno a uno, el sucederse de los días!.
 Poco a poco,  recogí en los atardeceres púrpura de un álbum íntimo,
 las historias de alma y piel con las que hice, en algún momento, mil barcos de papel. 
Y así, 
 por la quebrada de mis lágrimas 
vi desfilar los barquitos de cada una de esas páginas que se desleían, 
en tanto que iban marchando, embebidas tal vez,  
 por un paisaje híbrido de ruina y ceniza en el que, 
algún día, puede ser, 
el trigo entre amapolas  y las margaritas, vuelva a crecer. 
Quizá no fuera fácil escribir después, 
en gradación roja, 
los últimos párrafos para el alba gris del recuerdo.
 Tal vez no fuera fácil, 
emprender un nuevo viaje envuelta por el velo díscolo de la bruma; 
caminar bajo el chapoteo incesante de una soledad sin retorno,
 en la que tomar conciencia de que…. El camino del olvido, 
es una ardua senda por la que hay que caminar a solas. 
Sin embargo, 
he de decirlo, 
el trazo de un respiro propio, con una vida toda mía en el aliento de un aire  puro y fresco,
 lejos… Muy lejos de los bosques de  árboles exangües, 
cuyas raíces exánimes se enredan, inexorablemente, 
a cualquier pasto por nefasto que éste sea; 
y esa inquietud, ineludible,  de concederle a la sutil estría de la esperanza, 
el permiso para surcar ávida  los pliegues de mi piel hasta devorarla con rabia;
 me hacia sonreír… 
Y eso, ya sólo eso, valía la aventura del adiós. 
El polvo del tiempo haría el resto, y llegaría un nuevo tiempo: 
Tiempo para vivir…
En barcos de papel, lluvia de estrellas en cielos de lunas rojas. 
En barcos de papel, historias. 
Historias de alma y piel, en barcos, si…
 En barcos de papel. 

Dama de seis

2 comentarios:

  1. Impresionante texto, Antonia... Haces acopio de ti misma y respiras grandeza. Valió la pena la aventura del adiós... En tu caso está claro que si...

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  2. Gracias por tus palabras querido, Rafael. Cuando el aire se vuelve asfixiante por enrarecido , es mejor aventurarse a partir que acabar contaminado y terminar por ser alguien que no tiene nada que ver conmigo. Hay muchas formas de renacer, pero la mejor que conozco, es aquella de mantenerse fiel a los valores que rigen nuestro espíritu.
    Un fuerte abrazo.

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