jueves, 29 de octubre de 2015

HOY TE CUENTO UN CUENTO: FANTASIA.






            Igor tenía por entonces seis años. Yalma, le había dejado acostado tras ajustarle bien las sabanas a la espalda. Sus manitas pequeñas habían acariciado su cara mientras le daba el beso de buenas noches, pero el pequeño la fijaba y en el claro de su mirada, pudo observar algo parecido al velo de una  tristeza.

               —    ¿Qué tienes? — le preguntó
               —   Nada .
            Ella asintió  con la cabeza y tras apagar la luz, dirigió sus pasos hasta la puerta. Antes de que pudiera salir de la habitación, Igor  tímidamente formulo su pregunta:
               —  Mamá, tú donde compras la fantasía?
Yalma, sorprendida por la ocurrencia, volvió sobre sus pasos y tomó asiento en el borde de la cama. Mientras acogía entre sus dedos, los dedos diminutos que poco antes habían acariciado su rostro, ella, también le interrogó:
                 —     ¿Por qué me lo preguntas?
                 —     Es que, verás mama, ayer quise enseñarle a Pablo el jardín de los duendes, los ogros y las hadas. Pero su presencia debió asustarles y ellos no salieron, Pablo no pudo ver ni uno solo de los duendes y eso que hay tres, ni a  ninguno de los dos ogros que hacen la guardia, tampoco las hadas salieron a tomar el sol sobre las hamacas de las hojas  y entonces me dijo que nada de eso existía y que si yo los podía ver, es porque tenía mucha fantasía. No le contesté. Me enfadé un poco. Después nos fuimos a jugar con Pipo, y también le quise enseñar como Pipo respondía a mis preguntas, pero  Pipo estaba molesto, creo que no le gusta mucho Pablo, siempre le ladra y Pablo tiene miedo de que le muerda. Así que Pipo se quedó metido en su cesta. Entonces Pablo, volvió a decirme que yo tenía mucha fantasía.  Pero es que a más a más, cuando terminamos de merendar, nos pusimos a pintar. Yo pinté para él, el Papa Noel que el año pasado encontramos sentado en el sofá, cuando fuimos a cenar a casa de la abuela. Quería regalárselo. Pablo dice que sus padres le compran regalos y hasta le preguntan qué quiere que le compren, porque Papa Noel no existe y otra vez me dijo que yo tenía mucha fantasía.  Sabes, mama, creo que son muy buenos los papas de Pablo, fíjate si son buenos que, como él no tiene fantasía, entonces Papa Noel no va a su casa para dejarle  regalos y por eso sus padres los compran, verdad?  para que no se quede sin nada. Eso le pasa también a la Petra, tiene que comprarle los regalos al tonto de Jacinto, que cuando se hizo mayor, dejó que una urraca se comiera su fantasía. Me lo contó la Petra un día que le pregunté; no sabía por qué yo tenía que escribir una carta a Papa Noel  con los regalos que quería y Jacinto, ¡Plas!, iba y se los pedía a ella. Y… Mama, mama… ¿Te acuerdas de cuando me contaste que la luna se hacía una C  grande de cuna, porque si alguna estrella estaba triste, ella la mecía hasta que sonreía, y que precisamente, cuando las estrellas se ríen, es cuando más brillan en el cielo? ¿Te acuerdas mama? ¿Te acuerdas cuantas hemos visto que se estaban riendo? …
                        —        ¡Sí, claro que me acuerdo!
                        —        Pues eso si me da mucha pena, porque cuando le he explicado a Pablo lo de la luna y las estrellas, me ha dicho que la luna es siempre redonda pero las nubes la tapan y hacen que tenga otra forma, también dice que las estrellas no se ríen porque no tienen boca, que soy yo que tengo mucha fantasía… Así que he pensado que si compramos un poco de fantasía y se la regalamos,  a lo mejor … A lo mejor, Pablo puede ver  como la luna mece las estrellas y también puede ver como se ríen, que parece que hagan un guiño.
                  —    Cariño, eso está bien, pero hay un problema, la fantasía no la podemos comprar. No la venden en ninguna parte.
                  —    ¿Por qué no? ¿Qué es fantasía?
                  —    Igor, la fantasía es como un árbol gigante, sus ramas llegan a todas partes,   fuertes y hermosas, pero es invisible su semilla. Primero hay que encontrarla y plantarla. Después, sólo crece en el cajón de los sueños.
                   —    ¡Claro! ¡Eso es lo que pasa!  ¡Pablo no tiene un cajón de los sueños!.  Siempre que viene a casa quiere abrir el mío y yo no le dejo, porque tú me dijiste que si se abre el cajón a destiempo, los sueños se escapan… Y también me dijiste que ese cajón, solo puede ser abierto por su dueño, que soy yo.
                    —    Exacto!
                    —    Mama, por favor ¿Podrías hacer otro cajón de sueños, como el que hiciste para mí, pero para Pablo?
                   —    No lo sé. Puedo intentarlo. Ahora duerme, mientras yo pienso cómo hacer de un cajón, un cajón de sueños para Pablo.
    El verde agua de las pupilas  de Igor, se iluminaron con una nueva luz. El trazo de una  sonrisa se dibujó en sus labios y el sueño le venció…
                  —    Felices sueños, mi amor.

Dama de seis



5 comentarios:

  1. Desbordante de ternura, un texto que nos devuelve al mundo añil de nuestra infancia... Felicidades y besos!!

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  2. Respuestas
    1. Gracias querido amigo. No deberiamos dejar de Cabalgar por los jardines olvidados de la infancia, de vez en cuando. Visitarlos y explayarnos en ellos, es un viaje cuyo camino emprendemos de la mano de nuestros hijos. Benditos sean!
      Besos, Rafael.

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  3. Mis felicitaciones por ese hermoso cuento infantil.

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