domingo, 3 de abril de 2016

BAILANDO EN LA FRAGILIDAD

 Fotografía de Antoniia Freile



                     Había algo frágil en aquellas horas de espera… Eran como pompas de jabón desarticulándose en el aire sin más perfume que el desgarro  de  la incertidumbre. 
Con la inconformidad  de un café frio que golpea el estómago, llegó la lista de  vuelos cancelados y la de pasajeros en tierra sin previsión exacta de partida. Una contrariedad aleatoria que le robaba tiempo al tiempo, como eslabones perdidos de una cadena que se achica. Nadie había respondido a las llamadas del desespero. A cada número marcado,  una grabación impersonal y metálica les iba poniendo números a los interrogantes sin que hallara ni aproximación ni respuesta. 



  Y  hube… por fuerza… 
que  acariciar esa porción dilatada de  quien aguarda y devolver el corazón a la quietud de  la demora… 
Mitigar allí  algo parecido a la rabia… 
Algo parecido a la impotencia.



Y hube … por fuerza … 
que entregarme a la onda de silencio blando donde la noche respira y mientras, fundirme sin más en el murmullo tibio de las ideas que iban desprendiéndose, despacio, dentro de ese respiro blando, dentro de ese pulso nocturno... con la misma indolencia con la que se desprenden las hojas de otoño de los árboles.

 





              El sol de la mañana siguiente, lucía en el desconcierto portando consigo un velo de estremecimiento y tristeza. 
               El sol de la mañana siguiente, exhalaba un manto de luto súbito y denso como la niebla, extendiéndose por las calles de Bruselas. A su paso, había impregnado las pupilas de un sabor demasiado amargo y sin embargo…  Que esa amargura, preocupantemente, comenzara ya a formar parte de lo cotidiano, tensando, una vez más, las frágiles cuerdas del alma.
         



Rescaté del álbum de la memoria otros días de Bruselas. Mi paso efímero por sus calles estrechas. Y a pesar de los años pasados,  me dejé invadir por el aroma achocolatado  que ondulaba en el ambiente como una invitación permanente en tanto que, me debatía en la búsqueda de un Mannenken Pis que había imaginado de tamaño descomunal. Quizá fuera por el espíritu de leyenda de aquel gesto tan natural y humano que, de modo fortuito, o no, en su día, apagara la mecha de un explosivo librando de un desastre a sus ciudadanos. Pero finalmente logré identificar la estatuilla después de pasar treinta veces por su lado… En realidad, se trataba de una talla pequeña impostada en un ángulo de vía angosta no muy lejos de la Grand-Place. 


                

           Recordé  así, la asimetría alquimista y húmeda de aquella plaza ... La Grand- Place y sus treinta  y nueve casas  de simbología transversal a lo largo de su historia.  Aunque ya por aquel entonces,  se escurrían de sus ventanas coffee-shops y  cervecerías tan singulares como estrafalarias… Al punto, de hallar en una de ellas un Quijote a tamaño natural.
             Tampoco pude obviar la remembranza de la calle Charles Buls, abocada a la plaza y en la cual descubrí, incrustada en una pared,  la Figura de Everard ‘t Serclaes , esculpida por las manos del artista belga Julien Dillens. Una talla con tanto de particular ... Según los lugareños, traía la suerte a todo aquel que pasara la mano por su brazo. Probablemente no fuera más que otro giro de leyenda después de que  Everard ‘t Serclaes,   ejecutado en el siglo XIV,  se convirtiera en héroe por defender la ciudad de Bruselas y los derechos de sus ciudadanos.                   









           El recuerdo roto... 
El escalofrío de un minuto tarde....
 La quemazón de una guerra de guerras en donde la muerte se siembra indiscriminadamente en cualquier parte.
 La mañana siguiente de todo…  
 Era impensable, como no podía ser de otro modo, rememorar Bruselas sin volver la mirada a otros lugares…  
 Calles destruidas y desiertas.  Huida masiva de  gentes camino a ninguna parte, salvo a la sobrevivencia, que no es poco…. 
Y no pude por menos que preguntarme…  Todas esas preguntas sin respuesta, tan desnudas como la mudez metálica de los contestadores automáticos que lanzan palabras al azar y formulan ideas equívocas… Un mundo de locos éste, al que le han robado la poesía.
   Recogida en una meditación breve pude darme cuenta, dentro de un desayuno extraño, de lo arbitrario de las víctimas… De la esclavitud del miedo… Del poder de la  nada… 

Dama de Seis






4 comentarios:

  1. Brillante escrito para una herida sobrecogedora. Una prosa tersa y magistral, felicidades, Antonia.

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    1. Gracias, Rafael. No son buenos tiempos, y menos lo son para la lírica, creo que es obvio para ambos. Pero a los amantes de las letras, se nos puede pedir todo menos que dejemos morir nuestras plumas... Aunque el momento social de la humanidad sea tan triste como decepcionante.
      Un abrazo.

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  2. Las buenas bailarinas, hermanita, danzamos donde sea menester.

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    1. jajajaja. Así es, mi querida hermanita Mª José. Lo mismo bailamos sobre las quietas aguas que en las más bravas, en el aire o en las montañas... Todo es cuestión de no perder el equilibrio.
      Besos inmensos.

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