miércoles, 5 de noviembre de 2014

CIUDADES




                        Octubre empezó regresándome a Italia, cuando aún bailaban en mi retina las vistas aereas de Croacia y los tejados rojos de Dubrovnic. 
                        El aeropuerto de Malpensa, mantenía su olor a viejo en el sobrio verde-oscuro de paredes de posguerra. El reencuentro con las costumbres y la lengua fué de sopetón.
                         La Estación Central, majestuosa, permanentemente en obras, seguía alzando sus cupulas de acero al cielo, en ostentación del poder fascista por orden de Mussolini. Un cruce de vias y poderes, de trenes en un laberinto de arribas y abajos, de estaciones, metros y distancias. 
                          Había regresado a Milán unos cuantos siglos más tarde. O eso creía yo.  Porque el  andar por aquellas calles, antaño a diario transitadas,  por otros motivos y en otras circunstancias, en algún momento... me hizo temblar el corazón. Acababa de alzarle la cubieta a albún de incontables páginas,  y las imagenes se derramaban ausentes, sin rostro y sin voz, hasta que... De aquel parque de suelas gastadas, de pañales y biberón, danzando en las partículas del tiempo, resurgían las risas y las lágrimas que dejé olvidadas en el cajón de la incomprensión.  
                          No había cambiado el otoño. Casi nada había  cambiado, salvo yo.  Las aceras, ni más estrechas ni más anchas, ni más cortas ni más largas, seguían cubriéndose de crujiente  hojarasca. El cappuccino  y el café, venían, como siempre, acompañados por un bombón, bajo el mismo telón de cielo gris. Pensé entonces, en las veces que en aquel pasado, ansié el sol y el horizonte azul del mar. Mi mar.  Mientras, año tras año, veía como  el otoño se vestía en la niebla. Como la nieve de invierno  cubría por completo los jardines de blanco y el viento del norte, soplaba demasiado helado por ventanas y  rejas.  Más adelante,  llegarían las templadas lluvias que harían crecer ,en verdes ramas la primavera y  como un milagro,  despuntarían otra vez, flores entre la hierba.  
                           En esta ocasión, Milano, me aparecía más sosegada y hermosa…  Quiza fuera  porque comprendiera, que sólo se perdona, aquello que no tiene memoria.   


Dama de seis.



miércoles, 22 de octubre de 2014

VENTANAS

fotografia de Edgar Nevini Freile


Ventanas… 
Ventanas que mudan paisaje en el suceder de las cosechas. 
Acuarelas ocre y oro en otoño y verdes en primavera.
Acuarelas donde el sol ardiente del estío,   
 por  nieve blanca mutó las palmeras… 
Y esa frágil  ventana que ni  abre ni  cierra, 
 hace acopio de latidos y silencios en su alfeizar, 
de las gotas de lluvia que anegan y ciegan
en tanto que.. las niñas de los ojos 
engarzan en collares, una a una sus perlas. 
Ventana del alma herida que de sueños teje sus velas 
 cuando el dolor, como un navío, traza sus sendas.
Cuando el sentir por sentir tiene un nombre.
Cuando el sentir por sentir se hace poema. 
Y en esa frágil ventana que... ni abre ni cierra… 
tantas lunas sin noche, piel fundida en estrellas, 
tantos besos en hilos de promesas,
y tantos... tantos "te quiero" entre sombras inciertas. 
(Dama de seis)

sábado, 4 de octubre de 2014

MOMENTOS mínimos ….






I)                    Me atrapa el mar en su infinito, como el desmadejamiento que acae tras un cúmulo de  ideas galopantes que, toman en asalto los recodos dormidos de la ausencia. Todo se sucede en una guerra de tronos entre la inexorable razón  y la sinrazón que el corazón gobierna, parte y desaparte de la propia existencia.  
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II)                 Sentir el murmullo plácido del agitado palpitar de las hojas que se mecen al viento,  me sosiega. Confundo el negro de mis pupilas en el oleaje nocturno que rompe su oscuro  para  rendirse, dócil,  en las rocas. Y es paz.  Paz en la serena quietud con la que contemplo países, mares,  tierras… Horizontes que se funden en océanos y mareas…
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III)             En la bahía,  una vez  disgregada de la muchedumbre que me ha absorbido todo el día como a una partícula, hallo  el remanso íntimo. El espacio de un pensamiento mínimo. Absoluto. Una verdad ciega que flota en el aire y que se respira, como la niebla.  Será porque más allá de las palabras y los silencios que se alzaron batiendo alas para hacerse grito…  Estoy yo… Será.
Y  será, que si acaso, por un instante, tomara verdadera conciencia de mi existencia… Si acaso… por un instante, en mi mente… Siempre Tú.

lunes, 15 de septiembre de 2014

EN LOS OJOS



En los ojos,
alboradas purpura con destellos de oro que impregnaron mi retina…
Crepúsculos de manos temblorosas que rozaron mi rostro,
en  piel de luna y en lágrimas de tinta.
En los ojos,
un horizonte de notas que labra melodías
como puente de plata entre los sueños y el abismo.
En los ojos,
En los ojos tantas cosas!
silencios que celosamente el alma aferra y contiene…
silencios que atesora… como un duende.
En los ojos,
el hado melancólico que aprendí caminando entre la gente.
Golpe a golpe y suerte a suerte….
En los ojos,
 la palabra que germina y nunca se pronuncia,
el dolor quieto de las sombras, que arañan, que mutilan.
Porque no está ni en la palabra ni en el gesto la diferencia,
si no en la voz desacorde que grita a destiempo
y todo aquello que yo, guardo en mi silencio.
 (Dama de seis)
           Y en los ojos… paisajes y gentes… Melodías y coros. 
Y tantos silencios donde a veces río y otras veces…
también lloro.
(Dama de seis)           

sábado, 6 de septiembre de 2014

NO ME ACOSTUMBRO



       

   Cimbrean las hojas en las ramas de los árboles y  hoy, el aire es húmedo. 
Es el melancólico susurro de un otoño, que ya golpea en las ventanas del corazón con una sinfonía que duele.   
Y no. 
No me acostumbro. 
No me acostumbro al lento baile de las ausencias. 
No me acostumbro al disolverse de su silueta, aún con trazos de niñez, entre un tumulto de caras ajenas. 
No me acostumbro a esta permanente disgregación entre el cariño y la distancia,  
 entre el abrazo y la frontera, 
desde donde me toca ser, en mi “ser”   madre… 
Y me fracturo…  
 me disperso…  
 me disipo… 
Me evaporo en una nube para hacerme de lluvia, mientras casi todo  mí yo,  
 sobrevuela el mar junto a él…  
 Después, 
de lo que queda de mi, de lo poco que queda, 
una parte vaga errante por el limbo de la tristeza y su paisaje nostálgico,
 pero la otra… 
La otra, alza el grito en la mañana hasta que me pongo en pié y apretando los puños… 
Camino... no sé si hacia adelante.
Pero mañana ....  Mañana, será otro día. 
(Dama de seis)